
(Esa soy yo, sometida al sacerdote loco... miren mi cara de ilusión, que estúpida)
Recuerdo que me inicié en la fé tiadoris con ganas de superarme. Cumplí todos sus preceptos y obligaciones, pero con el paso del tiempo terminé sometida a los designios de un sacerdote loco, que nos obligaba a juntarnos todos los viernes en su casa, a revisar la maleta que dejó la tía Doris (una maleta llena de porquerias), buscando señales y bebiendo mojitos. Hubo veces en las que incluso nos obligó a fumar pihuasca, una extraña droga tiadoriana. Por suerte logré recuperar mi vida, y escribo esto para que se sepa lo terrible que son esos tipos, para que nadie más como yo caiga.